Mons. Alfonso Humberto Robles Cota

OBISPO EMÉRITO DE TEPIC mons_alfonso_humberto_robles_cota

 

El Obispo Alfonso Humberto Robles Cota pastoreó la Diócesis de Tepic por 27 años.

Nació el 30 de octubre de 1931, en Los Mochis, Sinaloa, en cuyo templo parroquial fue bautizado el 30 de noviembre del mismo año. Fue el 17o. hijo del ejemplar matrimonio formado por Don Gumersindo Emilio Robles y Doña María del Refugio Cota.

Terminada la enseñanza elemental, que llevó a cabo en la Escuela Oficial No. 3 de Los Mochis, ingresó al Seminario de Culiacán en 1945, donde cursó tres años de Humanidades. Enseguida, de 1948 a 1954, en el Seminario de Montezuma, Nuevo México, en los Estados Unidos, estudió la Filosofía y los primeros tres años de Teología. Finalmente, el cuarto año de estudios teológicos y la especialidad los cursó en la ciudad de Roma, cuya Pontificia Universidad Gregoriana le confirió la Licencia en Sagrada Teología.

Recibió el Sacramento del Orden Sacerdotal de manos del Cardenal Carlo Confalonieri en la Ciudad de Roma, la mañana del día 30 de octubre de 1955, exactamente el día que cumplía 24 años, –edad canónica requerida para la recepción del Presbiterado–.

Entre los servicios sacerdotales que desempeñó, la mayor parte de su presbiterado fue en la formación sacerdotal, fue prefecto de disciplina del Seminario Menor; prefecto general de estudios; Director espiritual del Seminario Mayor durante cuatro años; profesor de filosofía; vicerrector durante un año; rector durante nueve años (1969-1978); y promotor de vocaciones sacerdotales.

También atendió algunas capellanías en la ciudad de Culiacán; coordinador diocesano de liturgia; corresponsal diocesano de la Sociedad Teológica Mexicana; miembro del Cabildo de la Catedral de Culiacán desde 1964 y finalmente, desde 1978, Vicario General de la Diócesis de Culiacán.

El 17 de enero de 1981 fue preconizado como el sexto Obispo de Tepic. Su servicio episcopal lo desempeñó por 27 años.

El 21 de febrero de 2008, fue aceptada oficialmente su renuncia al Gobierno de la Diócesis. Fue administrador Diocesano, durante el período de “sede vacante”, y desde el 11 de abril de ese mismo año se convirtió en Obispo Emérito de Tepic.

 

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El 1 de marzo del 2012 nuestro Obispo Emérito, Mons. Alfonso Robles Cota cumplió 31 años de haber sido ordenado obispo. En entrevista especial para el periódico diocesano La Senda se trasluce la vida de un hombre muy sencillo, humano, siempre al pendiente de su Iglesia, en especial de sus sacerdotes.

“Ser obispo emérito no es ser un hombre desocupado, no es jubilación; el obispo sigue con las tres mismas encomiendas desde que es ordenado obispo: santificar, enseñar la fe, no sólo de palabra sino con la vida, y gobernar en el sentido de ser acompañante para la vida eterna”, nos dijo de entrada Mons. Robles Cota.

 

LA EUCARISTIA ES LA VIDA DE LA IGLESIA

“No hago nada especial –reseña nuestro Obispo Emérito–, desde que nos ordenamos sacerdotes tenemos la obligación de orar por el mundo y por la Iglesia; en particular por la Diócesis de Tepic, amigos, familia, la pequeña comunidad donde se vive. Sobre todo, por ser sacerdote debo celebrar la Santa Misa todos los días, y para ello estoy a disposición de los párrocos; durante poco más de un año, por ejemplo, uno de nuestros párrocos, Padre Ramón Güereña, me pidió que lo apoyara en su parroquia a oficiar la Eucaristía por la tarde, todos los días.

La Eucaristía es la vida de la Iglesia; el Papa Juan Pablo II decía que si no hubiera Eucaristía la Iglesia ya hubiera muerto de hambre, por eso yo quiero celebrar la Eucaristía todos los días.  Esa es mi vida”.

 

“NACI PESANDO KILO Y MEDIO”

Don Alfonso tiene gratos recuerdos de su infancia, nos cuenta: “Me acuerdo mucho de mis papás; fui el numero 17 de mi hermanos, soy el más pequeño. Cuando nací pesaba kilo y medio, fui el ultimo de mis hermanos, mi mamá tenía 44 años y le dijo a una hermana mía de 10 años que ella me cuidaría, porque mi mamá hacía ropa ajena para poder vivir, y mi papá estaba enfermo. Mi hermana me cuidaba, estaba tan chiquito que no le costaba trabajo. Siendo ya sacerdote le preguntaba a mi hermana si de veras había pesado kilo y medio, y me dijo que cuando nací tenían una balanza, pusieron de un lado unos granos de maíz y del otro una caja de zapatos y ahí me pusieron para ver cuál era mi peso. De grande le preguntaba a mi mamá que si por tan chiquito había sido sietemesino, y mi madre me dijo que yo viví nueve meses con ella: ‘a mi hijito le tocaron los puros asientitos, por eso no pudo crecer’”.

 

“ME FALTARON COSAS POR HACER”

Al hacer un recuento de su trabajo como obispo, Mons. Robles Cota resaltó: “De lo que hice no me arrepiento, pero siento que me faltaron hacer cosas; no alcancé o no supe organizarme, porque no es la diócesis más grande, ni la más pequeña. Me hizo falta asimismo mucho trabajo pastoral hacia la vida sacerdotal y de nuestros laicos. Es cierto que se realizó el Primer Sínodo Diocesano después de más de 100 años de vida de la diócesis, y éste fue base para el trabajo que Don Ricardo vino a realizar en tres y medio años. El Sínodo Diocesano habló mucho de la comunión de la Iglesia y eso fue base, junto con la documentación que llegó de Aparecida, para nuestro nuevo Plan Diocesano de Pastoral”.

 

“NUNCA ME HE SENTIDO SOLITARIO”

“No me he sentido solo a lo largo de mi vida. Me sentí siempre acompañado, iba a la curia, todos los días iba a Catedral a celebrar Misa, la gente me saludaba, y constantemente salía a los pueblos, por eso no me sentí solitario.

Acostumbrado a la vida del Seminario (ahí pasé 33 años de mi vida), nunca he pedido de comer lo que yo quiero, en el Seminario uno no pedía de comer, comía lo que había. Dios nos dio un corazón que trabaja igual todos los días de la vida, y no lo cambiamos, pero queremos cambiar todo el resto de nuestro cuerpo; debemos de ser menos exigentes con el Señor”.

 

UN NUEVO PASTOR

Al cuestionarle a Don Alfonso su sentir por la llegada de un nuevo Pastor para nuestra diócesis, respondió: “Me siento con una gran esperanza, porque no es el Papa el que lo envía, es Dios mismo, que se va a valer de las personas indicadas para hacerlo.

Cuando a mí me nombraron obispo yo nunca dije ‘sí’, sino: ‘no puedo decir no’. Hoy puedo decir serenamente que si volviera todo a comenzar con las mismas fuerzas, a mis 49 años, si me volvieran a llamar, volvería a decir: ‘no puedo decir no’.

Creo que todos en algún momento pueden pensar en ser obispos –dice Don Alfonso al preguntarle si cuando era seminarista alguna vez imaginó que llegaría a ser obispo–. Cuando me llamó el delegado apostólico para decirme que el Papa quería que fuera Obispo de Tepic, yo pasé por Tepic y le dije al seminarista que venía conmigo: ‘Mira, qué bonito se ve Tepic’, sin pensar que me mandarían para acá una semana después”.

 

EL OBISPO “FLAQUITO”

“La última vez que vi al Papa Juan Pablo II, al terminar mi visita personal, el Santo Padre me dijo: ‘Estás flaco’ (en italiano: tu sei magro). Le dije ‘Sí, Santo Padre, estoy delgado pero de buena salud, no estoy enfermo’, y al salir vi al Obispo de Mérida, Berlie Belaunzarán, y le comenté lo que había pasado, él les platicó a los demás obispos. Al día siguiente tuvimos otra reunión con el Papa, nos iba a dar un regalo a cada uno y nos empezaron a llamar por nuestro nombre; cuando me llamaron a mí, el Obispo Berlie Belaunzarán, que se hallaba junto al Papa, le dijo ‘Es el obispo flaco’, y el Papa le contestó: ‘Flaquito’. Ahora que ya es beato, cuando le hablo a él en la oración le digo: ‘Yo soy el que tú decías que era flaquito, y ahora soy Obispo Emérito’.

 

QUE LOS SACERDOTES MUESTREN LA ALEGRIA DE SER HIJOS DE DIOS

Don Alfonso explicó que ve con mucha esperanza a la diócesis: “Poco más de la mitad de los sacerdotes que ahorita están trabajando aquí, son de los sacerdotes que yo ordené. Pido con mucha frecuencia para que nuestros sacerdotes sean más generosos, más alegres, con la alegría de los hijos de Dios; con más fe y esperanza para acompañar la fe y la esperanza de nuestro pueblo. Hay esperanza, porque ya tenemos bien delineado un Plan Pastoral que dejó Don Ricardo; por un lado, tiene como base la comunión, que trabajaron más de 100 sacerdotes en el Sínodo Diocesano, y la segunda parte es la pastoral, que viene de Aparecida, donde se propone que todos lleguen a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. La esperanza pues la tenemos que alentar y alimentar. Dios quiera que muchos sacerdotes vivan con más alegría: alegría sana, alegría de ser hijos de Dios y de trabajar como sacerdotes”.

 

MENSAJE A SUS LAICOS

“Invito a todos los laicos a que amen mucho a Jesús, amando al Señor podemos entender lo que la Iglesia nos dice en este momento. Hay un capítulo del Vaticano II donde con toda claridad dice que estamos todos llamados a ser santos, no a hacer milagros, ni prodigios, sino cumplir la voluntad de Dios”.

 

“QUIERO VIVIR CUMPLIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS”

Al finalizar la entrevista, nuestro Obispo Emérito, al preguntársele si le hace falta algo por vivir, respondió: “Me faltaría vivir como decimos que creemos, vivir cumpliendo siempre la voluntad de Dios, pero nos llegan dolorcitos y nos estamos quejando; ahorita prácticamente no tomo medicinas, sólo para mis rodillas, pero en general estoy estable de salud. Mi petición a Dios, cuando dije ya voy a empezar a ser viejo, es aprender a ser viejito para no causarle problemas a la gente, porque la gente a veces se queja de los ancianos, porque son muy enojones, tienen sus ideas, y todo les cae mal; a mí todo me cae bien porque no quiero ser problema en mi vejez, pero apenas tengo 80 años, creo que no voy a ser enojón para no hacer sufrir a la gente”.

Irma Patricia Valdez Parra / La Senda

 

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Después de sufrir varias complicaciones de salud falleció el día 5 de enero de 2017, a las 10:15 de la noche, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

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