Compartir la vida | Domingo 01 de Septiembre del 2019

¿Has tenido alguna vez un banquete? ¿A quiénes has invitado? ¿Invitas a tus amigos y también invitas a los pobres a que participen de tu mesa? Pues bien, hoy Jesús nos da dos lecciones muy importantes.

Cuando te inviten no ocupes los primeros lugares, sino los últimos; esto ya nos está hablando de la humildad, el que es humilde siempre es agradable a Dios y busca su gloria, no la propia. En cambio, el soberbio siempre busca honores, busca los primeros lugares, y muchas veces es humillado, como en este caso que si llega otro más importante, tendría que dejar el lugar primero. Cuanto más grande seas, sé más humilde y agradarás a Dios.

La segunda enseñanza que nos da el Señor es saber compartir. Sí, hacer fiesta, pero de manera especial invitar a los que no te van a recompensar invitándote, porque son los pobres, los cojos, los lisiados, y serás dichoso porque se te pagará cuando resuciten los justos. Con esto el Seños nos está invitando a descubrir que los pobres también son nuestros hermanos y que por lo tanto tienen una misma dignidad; la dignidad no viene por los bienes que tengamos, sino por nuestro ser: todos somos hijos de Dios y, sobre todo, cuando sabemos compartir con los más necesitados, entonces estamos atesorando para el cielo.

Ojalá y que en tus fiestas nunca se te olvide invitar a los pobres a que compartan también tu alegría, tu mesa, y que siempre seas humilde; y si eres humilde agradarás a Dios y también a las familias. Pensemos un momento en cómo nos comportamos, cómo somos, y si cuando hacemos una fiesta nos preocupamos también de nuestros hermanos necesitados y pobres.

La bendición de Dios Omnipotente: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ti y permanezca para siempre. Amén.

+ Mons. Luis Artemio Flores Calzada

Obispo de la Diócesis de Tepic

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XXII Domingo Ordinario.

Sirácide 3, 19-21. 30-31: “Hazte pequeño y hayarás gracia ante Dios”.

Salmo 67: “Dios da libertad y riqueza a los cautivos”.

Hebreos 12, 18-19. 22-24: “Se han acercado ustedes a Sión, el monte y la ciudad del Dios viviente”.

San Lucas 14, 1. 7-14: “El que se engrandece a sí mismo, será humillado y el que se humilla será engrandecido”.

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