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[Homilía] Nadie es Profeta en su tierra | Domingo 3 de febrero de 2019

Queridos hermanos, en este pasaje podemos ver que después de que Jesús  anunció su proyecto –Él viene a anunciar la buena nueva a los pobres, libertad a los cautivos, a proclamar el año de gracia del Señor–, sus parientes y su paisanos le daban su aprobación, admiraban la sabiduría de sus palabras, estaban contentos con su paisano; pero también estaban desconcertados al reconocerlo como hijo de José el carpintero, lo conocían ya que él había crecido en Nazaret, sabían que era hijo de María, por eso se admiraban y se preguntaban: ¿De dónde le viene esta sabiduría?

 

Es entonces cuando Jesús les dice: “Seguramente me dirán: Maestro cúrate a ti mismo, haz aquí en tu tierra los prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm” y les dice: “les aseguro que nadie es profeta en su tierra”; precisamente porque conocían su origen humano pero no conocían su origen divino.

 

No sabían que Jesús era Dios, que venía de lo alto y había asumido nuestra naturaleza humana, aparecía como un joven lleno de sabiduría: entonces es cuando Jesús aprovecha para anunciarle a sus paisanos que la salvación que Él trae no es exclusiva del pueblo de Israel, –porque el pueblo de Israel siempre se consideró como el elegido de Dios, como el único–, y ahora Jesús les va a dar a conocer que esta salvación que Él trae, no sólo es para el pueblo judío, sino para todos los hombres; y les da dos ejemplos: en tiempo de Elías cuando faltó el agua, fue enviado a una mujer que no era del pueblo de Israel, una mujer de Sareb, una viuda que vivía en Sidón y había leprosos también en Israel pero Eliseo curó a un leproso que no era del pueblo de Israel; esto les molestó tanto porque no alcanzaron a captar que la salvación es para todos los hombres.

 

A veces así nos pasa, nosotros queremos acaparar incluso a Dios, lo queremos acaparar en su obra que es para todos los hombres; Dios quiere que todos los hombres se salven, cualquiera que sea su raza, su color. Dios ha venido a salvar a todos los hombres, pero a veces no lo entendemos, a veces pensamos que tenemos la exclusividad; incluso en las religiones, cuando señalamos a los que no son de nuestra religión y no le permitimos entrar en nuestro entorno, y eso es un error, Jesús viene a reunirnos a todos los hombres de todas las razas y a comunicarnos la salvación.

 

Yo te invito a abrir tu corazón a todos. Fíjate cómo terminan los paisanos de Jesús,  no solamente despreciando a Jesús, sino queriendo matarlo; cuántas veces nos apasionamos ante situaciones muy difíciles. Te invito, pues, a abrir tu corazón. Jesús quiere salvarte a ti y a todos los hombres.

 

 

La bendición de Dios Omnipotente: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

 

 

+ Mons. Luis Artemio Flores Calzada

Obispo de la Diócesis de Tepic

 

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IV Domingo Ordinario

Jeremías 1, 4-5. 17-19: “Te consagré profeta de las naciones”.

Salmo 70: “Señor, tú eres mi esperanza”.

I Corintios 12, 31-13, 13: “Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; el amor es la mayor de las tres”.

San Lucas 4, 21-30: “Jesús, como Elías y Eliseo, no fue enviado tan sólo a los judíos”.

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