Una realidad en aumento y que interpela al cristiano los niños de la calle

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De acuerdo con fuentes de la Organización de las Naciones Unidas, actualmente existen en el mundo 150 millones de niños de la calle. Es difícil conocer la cifra de niños en esta situación en el estado de Nayarit, ya que se trata de un grupo social fluctuante; sin embargo, es posible asegurar que las cifras van en aumento, pues cada vez es más común y cotidiano ver a niños en los cruceros de las avenidas haciendo malabares, limpiando parabrisas o pidiendo dinero.

 

Familias desintegradas, niños de la calle

Los niños que vemos en las calles son el reflejo de la realidad que vive nuestra sociedad. Cada día se incrementan la violencia, las adicciones a las drogas, las carencias económicas y principalmente, cada día es mayor el número de familias desintegradas, que viven violencia intrafamiliar y con un desapego afectivo dentro del hogar, situaciones que fomentan que los niños busquen afuera lo que no tienen en casa.

Refiere la UNESCO que existen diferentes categorías de niños de la calle: aquellos que trabajan en las calles como su único medio para obtener dinero, los que se refugian en las calles durante el día pero de noche regresan a su casa y aquellos que viven permanentemente en la calle, sin ninguna red familiar.

En la calle los niños encuentran una aparente libertad sin límites, no existen reglas y comienzan a ganar dinero, lo que los hace sentir que pueden hacer cualquier cosa; sin embargo, están expuestos a toda clase de peligros: explotación laboral, violencia y abusos, adicciones (generalmente al resistol y marihuana) y a ser reclutado por pandillas o grupos delictivos. Al no contar con un hogar que les provea amor, la seguridad, educación, alimentación y demás aspectos esenciales para todo ser humano, lamentablemente el futuro para estos niños no es alentador.

 

¿Qué podemos hacer como sociedad?

Podemos apreciar que los niños de la calle son un problema social que no ha sido atendido de manera adecuada por las autoridades, pero como sociedad tenemos la obligación de sumar nuestro granito de arena a este respecto y como cristianos estamos llamados a “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento” (Mt 25, 35).

Iniciemos con acciones sencillas: abramos los ojos y veamos a los niños a la cara, con una sonrisa y un saludo amable. Recordemos que estos pequeños muy probablemente se encuentran resentidos con la sociedad y se topen con malos tratos día a día. Una buena idea es no darles dinero, pues seguramente lo usarán para comprar drogas. Podemos hacer una torta extra o llevar una fruta cuando salimos de casa para ir a trabajar y regalársela a los niños que encontremos en el crucero.

Si conoces de cerca a algún niño que vive en la calle, acércate a él y conoce sus necesidades particulares, con seguridad habrá algo en lo que puedas ayudarlo. Es nuestro deber levantar la voz por aquellos que no son escuchados.

 

FUNDAVID pone su grano de arena

En Casa Hogar FUNDAVID hemos recibido a niños que se encontraban en situación de calle y hemos escuchado sus historias. A pesar de toda la tragedia que han vivido, hemos constatado la misericordia y el amor infinito de Dios para con sus pequeños. En verdad es muy alentador ver el cambio que hay en estos niños cuando son aceptados, amados y tratados con dignidad; podemos ver con claridad cómo Dios obra en sus vidas y eso nos llena de esperanza.

Estimados lectores, cuentan con nuestras oraciones y los invitamos a que nos ayuden a seguir ayudando: con su oración, integrándose como voluntario de la casa hogar o bien apadrinando a un niño.

Porque recordemos que ¡con amor todo es posible!

 

 

Fundación Dar Amor, Dar Vida AC

 

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