¿Una moratoria mundial del aborto?

A mediados de diciembre del año pasado, la humanidad dio un importante paso en favor de la vida: la aprobación, en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), de una moratoria mundial de la pena de muerte.

A los pocos días, Giuliano Ferrara, un reconocido periodista italiano, lanzó la idea de promover una moratoria internacional de la “pena de aborto”. Si muchos hombres y mujeres sienten un dolor profundo ante las ejecuciones de los condenados a muerte, si muchos grupos y asociaciones han promovido con tesón un nuevo paso para que la pena capital deje de darse en tantos países del mundo, si la misma ONU ha llegado a aprobar una moratoria mundial de la pena de muerte… ¿no ha llegado la hora de defender, con mayor energía, la vida de millones y millones de niños que cada año son extraídos del seno materno?

Trabajar por la vida es posible sólo cuando permitimos que crezca y madure en los corazones y en las conciencias una profunda simpatía, un respeto serio y, sobre todo, un amor sincero, hacia quienes participan en la aventura de la vida humana.

Esa simpatía, ese respeto, ese amor, no sólo nos impulsará a luchar en favor de criminales y delincuentes que necesitan tiempo y ayuda para expiar sus delitos. Nos impulsará también, de modo especial, a buscar caminos para que todas las madres necesitadas encuentren apoyo económico y afectivo, para que nunca deseen deshacerse de sus propios hijos. Nos llevará a trabajar para que los médicos y enfermeras cumplan su bellísima vocación de servidores de la vida y de la salud, y eviten la triste tentación de convertirse en profesionales de la muerte. Nos hará valorar a los políticos no por sus bellos discursos, sino por un punto muy concreto: ver si asumen un compromiso sincero en favor de la maternidad y en favor de la vida de millones de hijos inocentes.

Es urgente promover la cultura de la vida. Esa cultura no se limitará a buscar una moratoria mundial del aborto, sino que trabajará por eliminar aquellas situaciones de injusticia, de pobreza, de desprecio hacia las mujeres o hacia sus hijos, situaciones que han devenido en la terrible hecatombe del aborto.

Vale la pena iniciar un esfuerzo titánico, unidos a tantos hombres y mujeres de buena voluntad, para que el aborto desaparezca por completo. De este modo será posible el nacimiento de millones de hijos que tienen el mismo derecho que tú y que yo de caminar y de trabajar en un mundo un poco más justo y más abierto al amor hacia los más pequeños e indefensos.

Fernando Pascual

 

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