“Salvados por la esperanza”, la nueva encíclica del Papa

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O se podría decir con otras palabras: el cristiano tiene una gran esperanza, que se alimenta de la fe llena de obras de caridad. Esta es la guía que nos ofrece el Papa Benedicto XVI, una reflexión sobre la esperanza en su segunda encíclica, titulada Spesalvi (“Salvados por la esperanza”), en la que hace un recorrido teologal: de la caridad a la esperanza, de la esperanza a la fe.

El Sumo Pontífice nos traza el camino: renovar el amor, buscar las últimas respuestas a las preguntas de los hombres y encontrar la fe. Este ha sido una especie de programa que ha seguido durante sus más de dos y medio años de pontificado.

Tema sorpresivo
Este segundo documento de Benedicto XVI –la primera fue Deus caritas est, firmada el 25 de diciembre de 2005, pero no fue publicada sino hasta el 25 de enero de 2006 debido a su traducción a ocho idiomas– también sorprende en el sentido de que, a diferencia de lo especulado por los medios de comunicación, no se trata de un texto de carácter social; el Obispo de Roma prefirió optar por la esperanza cristiana como eje central de su encíclica, y es que en varias ocasiones ha señalado que en nuestra época la verdad de Dios ha sido relegada como si fuera una cosa del pasado y sin importancia.

Pocos meses después de haber sido elegido como Papa, Benedicto XVI propuso una reflexión sobre este tema a los obispos mexicanos durante su visita Ad liminaapostolorum (A la casa de los Apóstoles): “De frente a un panorama cambiante y complejo como el actual, la virtud de la esperanza es expuesta a una dura prueba en la comunidad de los creyentes. Desde un punto de vista pastoral, esta virtud significa recordar a los cristianos que Dios jamás abandona a su gente, y Dios está vivo y activo en el mundo. En las sociedades contemporáneas, que muestran signos evidentes de secularismo, no deben dejar de esperar y no deben perder el entusiasmo en los proyectos pastorales”.

El Romano Pontífice expone esta virtud teologal como aquélla que se construye cada día; sin embargo, como en alguna ocasión él mismo comentó: “Esperar contra toda esperanza”, para restituirle a Dios su primacía en las cosas de todos los días.

En esta publicación, asimismo, recupera la gran tradición de los Santos Padres de la Iglesia y, al mismo tiempo, propone la radicalidad del Evangelio. Quizás es una forma de responder a tantas tendencias milenaristas que se han ido presentando a lo largo de los siglos, que buscan la esperanza y su consolidación de un modo ficticio, fuera de la realidad, en cambio un camino ya recorrido, y que continúa recorriendo, Jesús de Nazareth.

Benedicto XVI retoma la teología clásica de la esperanza, que no responde a la pregunta sobre qué debemos esperar, sino que responde a la pregunta a quién debemos esperar. El Papa se concentra en el primado de Dios en el cual nos podemos confiar.

La carta a los Romanos, en la base
El título Spesalvi está inspirado en la carta de San Pablo a los Romanos: “Porque hemos sido salvados por la esperanza” (Rm 8, 24).

Un vistazo a la esperanza
Recogía en días pasados el diario italiano La Repubblica que, con este escrito, el Vicario de Cristo quiere “dirigirse al corazón de los cristianos e invitarlos a tener esperanza, sin dejarse arrollar por el pesimismo”. El documento también explora el entendimiento cristiano de la virtud teologal de la esperanza, con referencias en filosofías modernas y la lucha a la falta de fe.

Jorge Hernández

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