La Senda

Misión Imposible?: Más de 2800 personas tocadas por Dios

El sábado 18 de octubre se llevó a cabo el evento “Misión Imposible? 2” en el Teatro del Pueblo de la ciudad de Tepic. Fueron dos funciones con 60 artistas en escena. A este evento asistió un aproximado de dos mil 800 personas, de las cuales la gran mayoría fue tocada por Dios.

El tipo de público fue muy variado desde niños hasta personas de la tercera edad, desde hermanos fuertes en la fe, hasta aquellos que raramente van a misa los domingos. Para todos ellos Dios tuvo un mensaje claro y contundente “tú eres importante y vales la pena”. El esfuerzo de todos los actores y organizadores fue enorme ya que desde varios meses antes comenzaron los trabajos de planeación.
El año pasado Dios nos sorprendió con un lleno total del teatro. Para este año abrimos dos fechas creyendo en las promesas de Dios, y en la prioridad de todo cristiano: “conocer a aquel que dio la vida por nosotros”.

Las secuencias de video iniciales donde el maestro asigna la misión a sus agentes engancharon al público desde el principio. Posteriormente el agente Alex (Jesús Topete) presentó el evento de manera breve invitándonos a “tener un aliento de vida”, nos puso algunos ejemplos como el de Luis Braile que a pesar de su ceguera realizó un gran invento que perdura hasta nuestros días y ha impactado a miles de personas en todo el mundo (el sistema Braile). También mencionó el caso de Vince Papale un jugador de futbol americano de las águilas de Philadelphia que a sus 30 años debutó en su ciudad natal y llevó a su equipo al campeonato nacional, sin importar su origen y su antiguo trabajo como cantinero. Nos invitó a soñar y a esforzarnos, sin desistir a pesar de nuestras limitaciones.

En la segunda escena el agente Jhon (Juan Carlos Rodríguez) y la agente K-1 (Karla Cárdenas) nos presentaron un día típico de una familia común en nuestro país, por medio de una magnífica actuación nos recordaron las cosas que comúnmente pasan en el matrimonio y que, a pesar de estar en el camino de Dios, hace que la relación de pareja se distancié y se pierda el romanticismo. Pero por medio del canto nos invitaron a que es tiempo de volvernos a elegir como parejas, que no importan las dificultades y los problemas cotidianos. Dios inventó el matrimonio y lo vio bueno, vale la pena volverse a elegir.

Terminando esta escena, el agente Leo (Leopoldo Rodríguez) nos deleitó con tres personajes distintos al mismo tiempo en la pantalla se proyectaron dos agentes (uno de ellos era una copia pirata y el otro un asistente de internet) y el tercero fue en vivo en el escenario, de tal manera que interactuó con si mismo en la pantalla. Leo tocó el tema de Internet, de las cosas buenas y malas de esta tecnología, como sabemos no todo lo que haya en internet es malo, podemos encontrar infinidad de cosas con mucho valor, pero debemos de cuidar a los más pequeños, ya que también la información que pueden encontrar no siempre es edificante.

Después del receso dio comienzo el sketch, que de manera amena presentó escenas cotidianas con referencia al día de muertos o al halloween; se resaltó de manera importante los valores cristianos y como debemos de vivirlos.

Los jóvenes formaron un ejército organizado por el agente Dony (Adonai Rodríguez), bailaron y cantaron y tuvieron un encuentro con Saurón el agente oscuro interpretado por Gilberto Mercado. En este encuentro ellos (los jóvenes) entendieron que los niños era el arma secreta que podía derrotar a Saurón, así es que se dieron a la tarea de conformar un ejército de niños.
Este grupo de niños finalmente vencieron al mal con su pureza y sencillez, todos los pequeñines se alegraron sobre manera al derrotar a Saurón.

Al finalizar el evento el ministerio de Música de la comunidad de Alianza Discípulos de Jesús, dirigidos por Juan Carlos Rodríguez, por medio de sus notas introdujo al público a un ambiente de victoria y de recogimiento. Jesús Topete realizó una reflexión final y preparó el camino para que aquellos que estuvieran alejados del camino de Dios se acercaran a Él y se dejaran amar, ya que Dios nos ama eternamente.

Adrián Rangel, uno de los asistentes comentó: “fue un evento muy dinámico con matices emocionales de alcance diverso, que involucró en sus temas a todos los públicos asistentes; dejando un mensaje claro y funcional de amplia aplicación, y moralmente enriquecedor; como mensaje me quedó el que debemos de recuperar nuestros valores perdidos”.

Todos los asistentes recibieron el mensaje y algunos de ellos, aunque ya están en el camino de Dios, incluso son dirigentes de grupos apostólicos, recargaron pilas y experimentaron una nueva forma de presentar el evangelio a aquellos que no lo conocen. Para el siguiente año la meta es alcanzar seis mil personas con el mensaje de Cristo, y será, si Dios lo permite, en el mes de Mayo de 2009.

Jesús Topete

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Nuevo orden económico Felipe Arizmendi Esquivel,Obispo de San Cristóbal de Las Casas El descontrol financiero mundial de días pasados, el derrumbe generalizado de las “bolsas de valores”, la incertidumbre de los mercados y de los capitales, el deterioro del globalizado sistema económico, hacen caer en la cuenta de que ha llegado el momento de revisar a fondo los mecanismos con que se sostiene este mundo capitalista en que nos movemos. Los países ricos, los consorcios y las instancias financieras mundiales se unen para proteger sus intereses y salir adelante; los pobres quedan indefensos y excluidos. Así lo describimos en Aparecida: “Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables” (DA 65).  ¿Y la justicia? Desde el año 1891, cuando el Papa León XIII escribió su Encíclica Rerum novarum, en que criticó el socialismo y el liberalismo, denunció “la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría”. Es lo que el Papa Juan Pablo II, en 1991, calificó como “capitalismo salvaje”, como lo afirma la encíclica Centesimus annus en el número 8, “capitalismo primitivo” (33). Dijo: Existe el “riesgo de una idolatría del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercancías” (40). En 1999, escribió en Ecclesia in America: “Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como ‘neoliberalismo’; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas” (56). La crisis de la economía indica que debe haber un “nuevo orden económico”. Sin embargo, “la Iglesia no tiene modelos para proponer. Ofrece la propia doctrina social, la cual reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común” (Centesimus annus, 43). Así también dice el Papa Benedicto XVI: “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien” (Deus caritas est, 28). Afrontar con responsabilidad No esperemos hasta que el sistema cambie, pues no sucederá de la noche a la mañana. Ante los embates de esta crisis económica que a todos afecta, hay que trabajar, aunque sea en labores sencillas; ahorrar y no malgastar en cosas superfluas; educarnos en la austeridad, renunciando a gustos transitorios y vanos; en vez de consumir alimentos “chatarra” y refrescos embotellados, elaborarlos en casa; son más sanos y más baratos. Es responsabilidad del Estado proteger a las mayorías empobrecidas, como decía ya el Papa León XIII: “La clase rica, poderosa ya de por sí, tiene menos necesidad de ser protegida por los poderes públicos; en cambio, la clase proletaria, al carecer de un propio apoyo tiene necesidad específica de buscarlo en la protección del Estado. Por tanto, es a los obreros, en su mayoría débiles y necesitados, a quienes el Estado debe dirigir sus preferencias y sus cuidados” (Rerum novarum, 125). Y lo que se dice sobre los obreros, hay que decirlo hoy de campesinos, indígenas, migrantes, desempleados, etcétera.
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Nuevo orden económico Felipe Arizmendi Esquivel,Obispo de San Cristóbal de Las Casas El descontrol financiero mundial de días pasados, el derrumbe generalizado de las “bolsas de valores”, la incertidumbre de los mercados y de los capitales, el deterioro del globalizado sistema económico, hacen caer en la cuenta de que ha llegado el momento de revisar a fondo los mecanismos con que se sostiene este mundo capitalista en que nos movemos. Los países ricos, los consorcios y las instancias financieras mundiales se unen para proteger sus intereses y salir adelante; los pobres quedan indefensos y excluidos. Así lo describimos en Aparecida: “Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables” (DA 65). ¿Y la justicia? Desde el año 1891, cuando el Papa León XIII escribió su Encíclica Rerum novarum, en que criticó el socialismo y el liberalismo, denunció “la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría”. Es lo que el Papa Juan Pablo II, en 1991, calificó como “capitalismo salvaje”, como lo afirma la encíclica Centesimus annus en el número 8, “capitalismo primitivo” (33). Dijo: Existe el “riesgo de una idolatría del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercancías” (40). En 1999, escribió en Ecclesia in America: “Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como ‘neoliberalismo’; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas” (56). La crisis de la economía indica que debe haber un “nuevo orden económico”. Sin embargo, “la Iglesia no tiene modelos para proponer. Ofrece la propia doctrina social, la cual reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común” (Centesimus annus, 43). Así también dice el Papa Benedicto XVI: “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien” (Deus caritas est, 28). Afrontar con responsabilidad No esperemos hasta que el sistema cambie, pues no sucederá de la noche a la mañana. Ante los embates de esta crisis económica que a todos afecta, hay que trabajar, aunque sea en labores sencillas; ahorrar y no malgastar en cosas superfluas; educarnos en la austeridad, renunciando a gustos transitorios y vanos; en vez de consumir alimentos “chatarra” y refrescos embotellados, elaborarlos en casa; son más sanos y más baratos. Es responsabilidad del Estado proteger a las mayorías empobrecidas, como decía ya el Papa León XIII: “La clase rica, poderosa ya de por sí, tiene menos necesidad de ser protegida por los poderes públicos; en cambio, la clase proletaria, al carecer de un propio apoyo tiene necesidad específica de buscarlo en la protección del Estado. Por tanto, es a los obreros, en su mayoría débiles y necesitados, a quienes el Estado debe dirigir sus preferencias y sus cuidados” (Rerum novarum, 125). Y lo que se dice sobre los obreros, hay que decirlo hoy de campesinos, indígenas, migrantes, desempleados, etcétera.