La fidelidad

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“Víctor es mecánico. La llave de tuercas –en sus expertas y sucias manos– es una herramienta que parece cobrar vida propia. Por el esfuerzo, su frente se llena de sudor y él no tiene a la mano más que la estopa, impregnada de grasa, con la que limpia su área de trabajo.

De pronto, una mano femenina, con un pañuelo desechable, limpia familiarmente su frente. Es la cliente que observa su trabajo. Una mujer hermosa  que tiene “hambre” de él. La conversación se hace insinuante, incitante. ¡Él es hombre y tiene su corazoncito!, pero ese corazón ya está puesto en una mujer con la que juró ser un solo corazón y un solo espíritu. En su mano observa su anillo matrimonial; lo besa y su trato hacia la cliente se vuelve limitante, sin perder la cortesía debida. Él es fiel. Él ama”.

¿Qué es la fidelidad?
La fidelidad está ligada a la fe. Fiel es el que tiene fe. La fe consiste en la confianza depositada, generalmente en Dios, pero también en una persona. La fe exige una respuesta convencida y estable a la que llamamos, precisamente, fidelidad. Dios es el primero que es fiel. Su amor no es voluble, es para siempre. La fidelidad en el hombre consiste en una respuesta permanente a un compromiso dado, a una alianza, a un pacto.

Generalmente hablamos de la fidelidad debida al ser amado, que excluye todo otro amor en el matrimonio, pero también se tiene fidelidad a la patria, a la familia, a los amigos. Los católicos nos llamamos, en el lenguaje oficial de la Iglesia, “fieles cristianos”, para señalar nuestra fidelidad a Cristo.
La fidelidad exige una confianza puesta en alguien, la respuesta nacida de esa confianza y la permanencia en la respuesta. Para que la fidelidad sea plena debe amarse a la persona en la que se confía. La fidelidad en el amor.

Frutos de la fidelidad
La fidelidad humana da frutos de certeza y madurez. Es la guía que evita perder el camino y caer en los barrancos o en las arenas movedizas de la vida. Da frutos de honor y de un sano orgullo que llena de valentía y audacia al que es fiel. La fidelidad mueve a luchar por Dios, por la patria y la familia.
La fidelidad da armonía a las relaciones familiares y seguridad a los hijos que saben que tienen derecho a su propio papá y a su propia mamá. En la amistad, la fidelidad se convierte en un tesoro de valor incalculable que hace que los amigos cuenten siempre con el mutuo apoyo.

El otro lado de la moneda
La infidelidad, en cambio, produce desilusión, dolor por la traición, pérdida de la confianza, desesperanza. El que ha dejado de ser fiel se siente sucio y despreciable porque sabe que ha faltado a un pacto y ha traicionado a aquel que confiaba en él. Toda infidelidad, en el plano cristiano, es una ofensa a Dios y produce vergüenza y remordimiento de conciencia.

El hogar, escuela de la fidelidad
En el hogar se aprende a ser fiel. Los hijos tienen como maestros a sus propios padres. La fidelidad de los esposos no es tan sólo estar juntos, sino crecer cada día en el amor que se tienen. Cuando siguen juntos, pero se desprecian o se odian, es algo peor que un abandono. Son infieles.
La falta de respuesta a la alianza matrimonial hace que alguno de los cónyuges busque otros amores. No sólo el cónyuge inocente, sino también los hijos, lo resienten. También se aprende la fidelidad a Dios en el hogar. Esa Misa dominical a la que las familias cristianas siempre asisten, es una lección viva de fidelidad a Dios. Si se es infiel a Dios, ¿se podrá ser fiel a los hombres?

Procuren los papás…

  1. Enseñar la fidelidad con el ejemplo diariamente.
    2. Ser fieles a su cónyuge incluso con el pensamiento.
    3. Corregir toda deslealtad hacia los hermanos o hacia la familia.
    4. Alentar a sus hijos a entablar verdaderas amistades y duraderas.
    5. Reprobar que, por intereses materiales, prefieran una amistad a otra.
    6. No consentir y mucho menos celebrar que los hijos adolescentes tengan dos novias o jueguen chueco en el noviazgo.
    7. Enseñar que también se debe ser fiel a la escuela, a un grupo, a un equipo, a un trabajo; es el famoso “amor a la camiseta”.
    8. Cuando tengan que dejar una escuela, un trabajo, un grupo, enseñarles que deben dar las gracias y dejar las puertas abiertas.
    9. Dar testimonio de la fidelidad a la patria cumpliendo con las obligaciones ciudadanas y participando en el bienestar de su vecindario.
    10. Enseñar con el ejemplo la fidelidad a Dios y a la Iglesia a la que pertenecen.

Sergio G. Román

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