Cómo ser buenos padres de familia

Cinco sugerencias

  1. Demuéstrale lo mucho que lo quieres
    Todos los padres quieren a sus hijos, pero ¿se los demuestran cada día?, ¿les dicen que ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida? No es suficiente con atender cada una de sus necesidades; por ejemplo, acudir a consolarlo cuando llora, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y los mimos también son imprescindibles. Está demostrado que los padres que no escatiman besos y caricias procrean hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos y amigos. Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse, será vital también para el futuro.
    Sólo quien recibe amor es capaz de transmitirlo, lo que no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.
  2. Mantén un buen clima familiar
    Para los niños, sus padres son el punto de referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños, perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia; pero cuando éstas sean inevitables, se les debe explicar, en la medida en que puedan comprenderlo, qué es lo que está sucediendo. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa.
    Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, los hijos pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las discrepancias.
  3. Educa en la confianza y el diálogo
    Para que se sientan queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y, por supuesto, ¡nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no podamos cumplir, pues se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos salir con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo, pero nunca anular esa promesa.
  4. Debes predicar con el ejemplo
    Existen muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero, sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Se trata de un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y asimilar cada actuación nuestra, pero al final dará excelentes resultados. No olvidemos que ellos nos observan constantemente y “toman nota”. No está de más que, de vez en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los problemas, porque los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los positivos como los negativos; por eso, delante de ellos, hay que poner especial cuidado en lo que se dice y cómo se dice.
  5. Comparte con ellos el máximo de tiempo
    Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas, contarles cuentos, compartir sus juegos… constituyen excelentes maneras para acercarnos a nuestros hijos y ayudarlos a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño sea el niño o la niña, más sencillo resulta establecer con ellos relaciones de amistad y confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por consiguiente, tenemos que reservarles tiempo exclusivamente dedicado a ellos todos los días; sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros. Incluso, a ellos les da seguridad saber que siempre pueden contar con nuestra compañía y apoyo. Si a diario queda poco tiempo disponible, entonces habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.

 

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