La Senda

Celebrar hoy el Adviento

 

En esta ocasión, queridos catequistas, los invitamos a que fijemos nuestra atención en el tiempo de Adviento, tiempo de espera gozosa que nos prepara a la Navidad. “El Señor vendrá, y por eso hay que estar preparados. Esta preparación es la conversión del corazón acompañada del gozo y la alegría, la esperanza y la oración”.

Avivar la espera del Señor

El término “Adviento” proviene del latín Adventus, que significa “venida, llegada”. Es el período de preparación para celebrar la Navidad, comienza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor. Se puede hablar de dos partes de este tiempo:

Primera: desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos.

Segunda: desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre es la llamada “Semana Santa” de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad.

 

Estar preparados

En el capítulo 13 que San Pablo escribió a los cristianos en Roma, dice: “La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz. Despertarse del sueño significa sublevarse contra el conformismo del mundo y de nuestra época, sacudirnos, con valor para la virtud y la fe”.

Los cantos litúrgicos del Adviento han de tornarse en señales luminosas para nosotros, que nos muestran el camino y nos permiten reconocer que hay una promesa más grande que la del dinero, el poder y el placer. Estar despiertos para Dios y para los demás hombres: he ahí el tipo de vigilancia a la que se refiere el Adviento, la vigilancia que descubre la luz y proporciona más claridad al mundo. Es una vigilancia activa; es lo mismo que mantener nuestras lámparas encendidas: del amor y las buenas obras.

 

Los personajes del Adviento

Isaías: es el gran pedagogo del Adviento. Habría que leerle con una gran paz interior, dejando que sacuda nuestras conciencias dormidas, aliente a la esperanza, anime a la conversión, promueva gestos claros de paz y de reconciliación entre los hombres y entre los pueblos.

María de Nazaret: es la estrella del Adviento. Ella llevó en su vientre, con inefable amor de madre, a Jesucristo. Vivió un Adviento de nueve meses en su regazo materno y virginal, en su mente y en su corazón. ¡Qué largo y hermoso Adviento!… Ella es el modelo de la espera y de la esperanza. Supo, como nadie, preparar un sitio al Señor, el Hijo que florecía en sus entrañas. En Ella se realizó la promesa de Israel: la esperanza, después, ahora y para siempre, de la Iglesia.

Juan el Bautista: es el que llama con todo rigor a la metanoia, es decir, a transformar nuestro modo de pensar. Quien quiera ser cristiano debe “cambiar” continuamente sus pensamientos. Quien quiera encontrar a Dios tiene que convertirse interiormente una y otra vez, caminar en la dirección opuesta.

Vivir en constante “Adviento”

Catequistas, ¡seremos felices si sabemos vivir en constante “Adviento”! ¿No es verdad que, si bien con frecuencia soportamos días grises y con lágrimas, damos primacía a los advenimientos alegres que muestran el rostro positivo de las cosas…? Del “Adviento humano”, venturoso, podríamos decir que es tiempo de esperanza firme y de preparación robusta para dar alcance a presas arduas: a un amor difícil, a una amistad profunda, a una actitud solidaria, a una mesa compartida.

 

María Adela Suárez de Luna

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