Homilia de Mons. Aguiar Retes sobre la Epifanía del Señor.

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¿Quién es el que vence al mundo?

Así comienza la primera lectura que acabamos de escuchar. Para poder encontrar la respuesta y ver la siguiente expresión del Apóstol San Juan, es necesario conocer la palabra que está detrás en el texto griego cuando se dice “mundo”, que es la palabra cosmos, y esa palabra en griego significa el orden establecido en las relaciones humanas.

Por tanto, cuando vemos la pregunta ¿quién puede vencer al mundo? se está refiriendo el Apóstol no a esa relación que a veces solemos hacer de dos mundos: de lo sagrado y de lo profano, de lo espiritual y lo mundano, haciendo una dicotomía, haciendo dos partes, y entonces pensamos que como se está hablando desde la espiritualidad cristiana,  desde la enseñanza de Jesucristo, la dejamos simplemente en el ámbito propio de la religión.

¿Quién es el que vence este orden establecido en la sociedad? Vencer en este caso significa quien puede transformar esta sociedad que se agrede, que surge la violencia, que no se respeta la dignidad del ser humano, que se vuelve negativa, que da inseguridad. Entonces esta pregunta se vuelve interesante, porque no estamos simplemente hablando de una batalla entre lo profano y lo sagrado, entre el estado laico y las iglesias, entre derechos de dos sectores de la vida; sino que estamos hablando de la manera como nos comportamos, estamos hablando de la conducta social. Por eso es interesante la respuesta.

La pregunta de ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. La transformación social, y así ha sucedido en la historia de la humanidad después de Cristo que van llevando a una cultura del conocimiento del ser humano y sus derechos y como deben relacionarse entre unos y otros; es y ha sido a partir de redescubrir otra vez la enseñanza de Jesús.

Hoy el mismo texto nos presenta tres elementos, que nos ayudan a entender cómo hacernos de este ejército, hablando de organización, no de armas, este ejército social que pueda transformar y pueda hacernos vivir de manera distinta. Fíjense bien, Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre, el agua es un elemento que nos habla de una constante purificación, renovación.

No podemos estar nunca tranquilos de que ya hicimos todo lo que podíamos hacer; sino que tenemos que renovarnos constantemente, tenemos que hacer ese esfuerzo que es personal, de purificación, nadie, y eso lo reconocemos por nosotros mismos, es perfecto; siempre llevamos la posibilidad de equivocarnos.

 

Pero lo importante no es equivocarse, lo importante es reconocer que nos equivocamos, rectificar, corregir, eso es purificar, y esa es nuestra responsabilidad.

La sangre es el segundo elemento: la sangre es lo que le da vida a nuestro cuerpo, ningún cuerpo humano puede vivir sin que circule la sangre en sus venas; sangre para la fe cristiana, cuando hablamos de sangre hablamos de vida, ¿cómo nacemos? nacemos gracias a que la madre derrama su sangre en el parto, se manifiesta la vida. Sangre, entonces, es dar la vida, quien acepta sus errores se corrige y acepta la visión para no volverlos a cometer y junto con el agua se hace capaz de dar la vida.

Si nunca reconoce su errores su camino es hacia la esterilidad, no es capaz de dar vida. Por eso son tan indispensables ambos elementos, porque solamente con la constante renovación y purificación personal llegamos a la capacidad de dar la vida.

Y el tercer elemento que nos presenta la primera lectura es el espíritu, y éste ya es el aporte específico de Dios para que funcione la purificación y con la sangre, el espíritu de la verdad. Si nosotros tenemos ese corazón abierto en donde no nos dejamos invadir por la envidia, por el odio, por todo lo que contrapone una conducta según el orden que nos ha enseñado Jesús que se busca justicia, que se busca fraternidad, reconciliación, y en ese camino se obtiene la paz–, entonces vemos que estamos en ese camino de recibir el Espíritu.

El Espíritu de la Verdad nadie lo posee absolutamente. Nosotros tenemos una comprensión parcial de la verdad, por eso nos necesitamos los unos a los otros, y es el Espíritu de Dios que nos va conformando y haciendo caminar en la solidaridad y en la vida.

¡Confiemos en Jesucristo para vencer el mundo, es decir para transformarlo y establecer el Reino de Dios entre nosotros! Que así sea.

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla

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