Homilía de Clausura del ciclo escolar del Seminario Diocesano de Tepic.

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Curso lectivo 2016-2017

“Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos… así que por sus frutos los conocerán” (Mateo 7,15-20).

 

Queridos hermanos: Dios nos permite darle las gracias por los frutos recibidos durante este año escolar 2016–2017, que hoy clausuramos.

Queridos seminaristas, ustedes están conscientes de los frutos que pueden recoger, porque han puesto lo mejor de sí para responder a la vocación que Dios les ha dado, o también pueden hacer un examen de conciencia, si no han dado los frutos que Dios esperaba de ustedes.

Agradezco de una manera especial al equipo formador, que termina hoy su servicio en el Seminario, encabezados por el Padre Roberto Villalobos Valencia, porque han colaborado con Dios, conmigo y con ustedes seminaristas; porque los han acompañado en su itinerario formativo; por ello merecen nuestra gratitud y nuestra oración, para que Dios los siga llenando de sabiduría en la nueva encomienda pastoral que van a realizar en nuestra amada Diócesis de Tepic.

 

Nuevo equipo formador del Seminario de Tepic.

También estoy muy agradecido con el nuevo equipo formador del Seminario, encabezados por el Padre Luis Ramírez Ortiz, que hoy  reciben la estafeta del equipo anterior. El nuevo equipo formador va a continuar el acompañamiento formativo de ustedes los seminaristas, que han sido elegidos por Dios para una gran vocación y Misión en la Iglesia. Muchas gracias por su generosidad y disponibilidad. Ustedes, hermanos sacerdotes formadores, van a desempeñar una misión importantísima en la Iglesia: acompañar y formar a los futuros sacerdotes para que lleguen a ser verdaderos discípulos misioneros de Cristo e irse configurando a Él para llegar a ser buenos pastores a imagen de Cristo Pastor.

Sé que ustedes queridos Sacerdotes, como Abraham han escuchado la voz de Dios y a cada uno les  ha dicho: deja tu parroquia y ve al Seminario para formar buenos sacerdotes, por ti serán bendecidas todas las personas de nuestra Diócesis de Tepic, y como Abraham ustedes creyeron en la voz de Dios y obedecieron, por eso están aquí, para tomar posesión de esta tierra hermosa que es el Seminario, donde cultivarán las semillas de las vocaciones, para que den frutos abundantes, una tierra donde mane leche y miel.

Finalmente quiero recordar algunos puntos importantes de la enseñanza de la Iglesia sobre el equipo formador y sobre las etapas de formación que deben lograr los seminaristas, para que den frutos abundantes.

 

 Equipo de formadores en el seminario

“Los educadores [formadores] y profesores de seminarios han de ser elegidos de entre los mejores, y deben prepararse diligentemente con sólida doctrina, conveniente experiencia pastoral y especial formación espiritual y pedagógica, para que formen con los alumnos [seminaristas] una sola familia que responda a la oración del Señor; que todos sean uno como tu padre y yo somos uno” (OT 5).

 

Itinerario formativo

El Obispo diocesano, ayudado por el equipo de formadores del Seminario, tiene el deber de elaborar un proyecto de “formación integral”, llamado también itinerario formativo, y de promover su aplicación práctica, respetando las diversas etapas y el proceso pedagógico correspondientes (Nueva Ratio Fundamentalis Sacerdotalis 10).

La formación en el Seminario es la formación inicial y tiene cuatro grandes etapas: Etapa propedéutica, etapa filosófica o discipular, etapa teológica o configuradora y etapa pastoral, cada una tiene sus propias características.

La etapa propedéutica, también conocida como el curso introductorio, tiene como objetivo discernir la propia vocación al sacerdocio. Para iniciar a los seminaristas en la oración y en la vida sacramental, la oración oficial de la Iglesia —liturgia de las horas—, el catecismo de la Iglesia; además de un conocimiento de si mismos que les permita el desarrollo personal, experiencia parroquial y caritativa (NRFS 59).

La etapa filosófica o discipular, tiene como objetivo, aprender del maestro Jesús, estar con Él, seguirlo y convertirse en misionero del Evangelio. Educar en la verdad, en la libertad, en el dominio de sí; adquiriendo el conocimiento de la Filosofía y de las ciencias humanas. (NRFS 61-67).

La etapa teológica o de configuración del seminarista a Cristo Pastor y Siervo, para que unido a Él, pueda hacer de la propia vida un don de sí para los demás. Etapa donde se favorece la vivencia de las virtudes cardinales, teologales y consejos evangélicos. (NRFS 68-73), además del conocimiento y vivencia de las ciencias teológicas.

La etapa Pastoral. La recepción del sacerdocio en el grado de los Diáconos. Insertarse en la vida pastoral mediante una gradual asunción de responsabilidades con espiritu de servicio; para esta etapa es necesario que el párroco que acoge al seminarista sea consciente de la responsabilidad formativa que recibe y lo acompañe en su gradual inserción. Despues de la experiencia pastoral diaconal viene la ordenación en el grado de los presbíteros (NRFS 74-78).

Demos gracias a Dios por este curso 2016–2017. Pidamos al Señor nos de muchas vocaciones sacerdotales y religiosas; y pongamos en sus manos a todo el pueblo de Dios de nuestra Diócesis: sacerdotes, miembros de la vida consagrada, diáconos, seminaristas y files laicos.

+Mons. Luis Artemio Flores Calzada

8º Obispo de Tepic

Seminario Mayor, Santa María del Oro, Nayarit

Miércoles 28 de junio 2017

 

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